Fin de curso (2)
María respiraba agitádamente, el corazón le latía a
cien por hora y cada dos por tres se giraba para mirar por el cristal de atrás,
creyendo ver de nuevo aquellas miradas vidriosas o a el...
-¿Esta bien señorita?- preguntó el taxista de
repente, dándole un buen susto a la tensa chica.
-...Si, si, solo tengo prisa- respondió ¿qué podía
decirle?
-Ya queda poco, no se preocupe- replicó el
conductor mientras giraba por una esquina, María pudo ver su casa, un chalet
adosado situado en un barrio de las afueras, su familia tenía bastante dinero y
se habían mudado allí después de la muerte del padre.
-Aqu...-
-Si, si , gracias- dijo María con nerviosismo,
cortándole. Sacó de su cartera un billete grande y se lo dio antes de salir, sin
preocuparse por el cambio.
Descalza, corrió hacia su casa y buscó
frenéticamente las llaves en el bolso. Una sensación de inigualable alivio
recorrió su cuerpo cuando entró y cerró la puerta … a salvo. Tras tomarse unos
momentos para recuperar el aliento y tranquilizarse dejó el bolso en el suelo y
se dirigió al piso de arriba, donde su madre y sus hermanas debían estar
durmiendo. Sin embargo al llegar vio las tres habitaciones vacías. De inmediato
volvió a entrarle el pánico aunque pronto se recompuso, miró la hora, apenas
eran las dos, la mediana de las hermanas también salía esa noche y no sería la
primera vez que su hermana mayor y su madre se quedaban hasta tarde viendo una
película o algo así.
Repitiéndose eso como un tranquilizador mantra
María bajó de nuevo hasta la planta baja y de ahí al piso inferior donde tenían
un pequeño salón que comunicaba mediante una escalera con el jardín , era el
lugar mas agradable y tranquilo de la casa y muchas noches las habían pasado
allí, en familia.
Mientras bajaba las escaleras vio la luz salir por
el hueco de la puerta del salón y oyó la tele, si, estaban allí, pensó con
alivio. Suspirando al saberse al fín a salvo entró en la habitación.
-No os vais a creer lo q...-
Un escalofrío la interrumpió a mitad de la frase,
su hermana y su madre estaban allí, en pijama … erguidas las dos en rígidamente,
con todo el cuerpo en tensión, los ojos vidriosos, la mirada perdida y los
labios entreabiertos.
Con una aterradora precisión ambas giraron la
cabeza a la vez con un seco movimiento, clavando sus ojos en María. Esta
palideció al ver aquello.
-No...vosotras no...- dijo retrocediendo, pero cada
paso que daba hacia atrás ellas lo daban hacia adelante.
María se dio la vuelta y echó a correr pero unas
escaleras no eran el mejor lugar para huir, su hermana la cogió del tobillo con
mano de hierro y tiró de ella hacia abajo. María se revolvió mientras su hermana
y su madre la agarraban con una fuerza muy superior debido a su estado
hipnótico, María chilló pidiendo auxilio mientras la arrastraban al salón pero
al estar en aquel piso nadie podía oírla. El miedo la dominaba por completo
mientras veía como su madre y su hermana, con aquella mirada vidriosa y carente
de sentimiento, la inmovilizaban y arrastraban al salón, donde la sentaron en
una silla y la maniataron con cuerdas y cinta americana.
La chica, con las lágrimas corriendo por los ojos
llamó a su madre y a su hermana, suplicándoles que parasen, que no eran ellas,
no sirvió de nada. Su madre le tapó la boca con cinta antes de girarse y coger
su móvil. Marcó mecánicamente un número y se lo llevó al oído.
-La tenemos, amo- dijo con una voz hierática, como
la de una máquina.
Su interlocutor le respondió algo que María no pudo
escuchar.
-Si, amo- respondió su madre antes de colgar
-Debemos esperar- continuó diciendo a su hermana, esta asintió y las dos se
pusieron la una junto a la otra, frente a María, quien contempló entre lágrimas
como con movimientos calcados se despojaban del pijama y separaban las piernas,
levantando sus pechos con ambas manos en aquella postura tan terriblemente
familiar.
Su madre era muy parecida a ella físicamente, a
pesar de tener ya la cuarentena tenía un cuerpo envidiable del que destacaban
sus pechos, grandes y bien puestos a pesar de la edad. Su rostro era de pómulos
marcados, nariz recta y labios finos, atractivo en definitiva, estaba enmarcado
por una melena lisa azabache.
A su lado, su hermana mayor contrastaba con la
madre, tenía poco pecho aunque un buen culo y unas piernas que parecían
torneadas en piedra debido a su complexión delgada y fibrosa, su rostro era
excepcionálmente bello, de una sutileza tal que a su lado sus hermanas y su
madre parecían vulgares putas, aunque en eso Juan se había encargado de
igualarlas a todas.
Por mas que María trataba de hablar o gritaba a
través de su mordaza sus captoras no movieron un músculo. Al principio trató de
liberarse, de hacerlas entrar en razón pero solo se topó con ojos vidriosos e
inmobil desnudez. Pasada una hora ya había perdido toda voluntad y esperanza, y
poco a poco el sueño la fue venciendo hasta que quedó dormida sobre la silla.
Fue la luz proveniente del jardín la que la
despertó, cuando entreabrió los ojos y alzó la cabeza, dolorida por la incomoda
postura en la que había tenido que dormir, lo primero que vio fue que la
habitación había cambiado, la tele, que aún seguía encendida mostraba ahora el
menú de un DVD, en la mesa, antes vacía ahora había un ordenador portátil, pero
sin duda el cambio mas importante era la tercera figura que estaba junto a su
Rocio, su madre, y a Eva, su hermana mayor … se trataba de la hermana
intermedia, Carla. Su cuerpo era similar al de María, sin embargo se distinguía
de sus hermanas en su cabello rubio, que llevaba recogido en una coleta.
Las tres estaban en la misma postura, Rocío y Eva
exactamente tal y como estaban cuando cerró los ojos, no se habían movido ni un
milímetro, seguían con su vidriosa mirada al frente, a la nada... María, con el
ceño fruncido miró a la tele, aún encendida, eran las ocho, ¡eso significaba que
llevaban en aquella postura cinco horas! La mera idea hizo estremecerse a María,
quien comenzó a llorar en silencio, deseando despertar de aquella horrible
pesadilla.
Al oír los sollozos, las tres mujeres movieron su
cabeza con una precisión que por mucho que viese no dejaba de resultar
inquietante.
-Has despertado- dijeron, con sus tres voces
fundiéndose en una- El Amo ha hablado, tenemos órdenes- Acabada su letanía las
tres se movieron, su madre movió la silla a la que estaba atada hasta ponerla
frente a la televisión, su hermana mayor cogió el portátil y se situó junto a
María, Carla, la mediana hizo lo propio con el mando del DVD.
-El Amo hace esto porque es justo- dijeron las
tres- Tu y los de tu clase destruisteís su vida con vuestro desprecio, vuestras
burlas, vuestro odio, vuestras humillaciones, vuestras palizas. Paula, Leticia y
las de su calaña eran como animales, actuaban por instinto, expulsando de la
manada a aquel que era distinto para sentirse seguras en un grupo homogeneo. Tu
eras distinta, eras inteligente, y aun así te comportaste como el resto e
incluso los guiaste en contra del Amo-
María miraba desesperádamente a ambos lados,
tratando de hablar a través de su mordaza y de liberarse mientras sus hermanas y
su madre reproducían el mensaje de su amo.
-Por eso y por poner en peligro sus planes serás
castigada-
María abrió los ojos desmesuradamente, inundada por
el miedo ¿Qué iban a hacerle?
-Serás la única consciente de como su vida es
destrozada-
Rocío, su madre, se agachó un poco y rodeó el
rostro de su hija con sus manos, inmovilizándola y obligándola a mirar a la
pantalla.
-Durante todo este año tu vida le ha pertenecido, y
ha hecho contigo lo que ha querido- continuaron las tres esclavas hipnóticas
-Todos tus recuerdos son falsos-
Carla, la hermana mediana, alzó el mando del DVD.
-¿Tus recuerdos sobre trabajo cuatrimestral con el
que obtuviste matrícula de honor? ¡Falsos!- le espetaron las tres a la vez
mientras Carla le daba al play.
Unas imágenes aparecieron en la pantalla, María
forcejeó con la férrea presa de su madre, en vano, sin poder mirar a otro lado
observó la pantalla... en ella apareció su aula del instituto... aunque nada
tenía que ver con el día que ella recordaba.
Se vio a ella misma caminando con el taco de
papeles que era su trabajo hacia la pizarra, estaba desnuda. A su alrededor, en
los pupitres, todas las chicas de la clase, incluida la joven profesora, la
seguían con la mirada. Los doce chicos que había en la clase no estaban en sus
asientos, se encontraban todos tumbados en el suelo con sus vergas enhiestas,
apuntando hacia el techo. María vio como ella misma caminaba hasta ponerse, con
las piernas separadas, encima del chico que había al extremo de la fila, cuando
se giró y miró a la cámara pudo ver su propio rostro … deformado por aquellos
ojos vidriosos y esa expresión ausente, estúpida.
-Hola- dijo con voz risueña, sonriente -Me llamo
María y soy la mas lista de la clase, pero también la mas puta, para demostrarlo
voy a leer mi trabajo mientras me follo todas las pollas de mi clase-
-Bien María, empieza- dijo la hipnotizada
profesora, toda la clase estaba en el mismo estado, aquello parecía un absurdo
teatro de marionetas, una burla del día que María bien recordaba pero que no era
real, la realidad estaba pasando ante sus ojos en aquel mismo momento
.
-Bien profesora- respondió la María del video antes
de agacharse y coger la polla del chico con la mano para guiarla hasta el
interior de su vagina, cuando tuvo la punta dentro se dejó caer, metiéndosela
hasta el fondo. La súbita penetración le arrancó un gemido ahogado. Cuando la
tuvo bien dentro comenzó a moverse arriba y abajo rítmicamente, con una mano
sostenía el trabajo frente a ella y con la otra se frotaba la bulba y el
clítoris suavemente. El lenguaje científico y bien construido se mezclaba con
los agudos gemidos y los insultos que de vez en cuando lanzaba a medida que se
iba moviendo mas rápido. Cuando llevaba leídas siete u ocho páginas se
encontraba ya botando sobre el vientre del chaval, provocando un sonido rítmico
cuando sus carnes chocaban y que sus tetas botaban en cualquier dirección al son
de la cabalgada. El chico al que cabalgaba no aguantó mucho mas y se corrió
dentro de ella. Gruñendo al sentir cerca el orgasmo María se levantó y se puso
rápidamente sobre el siguiente chico antes de descender violentamente,
empalándose con aquella verga hasta el fondo. La frenética cabalgada hizo que al
poco alcanzase su primer orgasmo y se corriera apretando los dientes y echando
la cabeza hacia atrás mientras trataba de seguir leyendo.
Ahora se habían cambiado las tornas y la palabras
con algún gemido intercalado habían pasado a ser gemidos, gritos e insultos con
alguna palabra intercalada.
Siguió así, cabalgando polla tras polla mientras a
duras penas conseguía leer parte de su trabajo y se las veía y deseaba para
responder a las ocasionales preguntas que le dirigían sus compañeras o la
profesora, pero Juan, que también estaba en el suelo le había dado ordenes de no
parar hasta que lo leyese entero, así pues se metió las doce pollas una por una
hasta que se corrieron dentro de ella.
Pero las pollas se acabaron antes que los folios y
tuvo que volver a recorrer la fila, esta vez siendo penetrada por su culo. Los
gritos de dolor se unieron a los de placer al lenguaje científico mientras uno a
uno los chicos le iban llenando las entrañas de semen, sus muslos estaban
cubiertos por sus propios fluidos además de por los de los chicos, su piel
brillaba por el sudor, que le había corrido el maquillaje de la cara, sus
grandes pechos se bamboleaban anárquicamente y el cabello, apelmazado por el
sudor le cubría parte de la cara. Aún tuvo tiempo de cabalgar con el culo a
todos los chicos hasta que al llegar al último acabó.
Se levantó temblorosa, mientras la profesora tomaba
notas en su cuadernillo de calificaciones.
-Limpia las vergas de tus compañeros querida, no
seas maleducada-
-Si profesora- dijo María antes de ponerse a cuatro
patas y comenzar a mamar las doce pollas una por una, tragándoselas y moviendo
su cabeza rítmicamente, usando su boca como si fuera un coño hasta que ellos se
corrían y ella tragaba hasta la última gota, dejando las verga bien limpitas.
Así acabó el video.
María hacía tiempo que había dejado de intentar
liberarse de sus ataduras, estaba destrozada, inerme, su mayor éxito académico
que la había convertido en la alumna mas inteligente del instituto había sido en
realidad... eso, aquella pantomima, aquella burla de sus recuerdos en la que
ella había quedado reducida a una mera puta a las órdenes de Alejandro. Tan solo
le quedó el consuelo de que ninguno de ellos era consciente y por lo tanto nadie
lo recordaría jamas, excepto Juan, pero eso era inevitable.
Pero aquella exhibición de su verdadera vida aquel
último año no había hecho mas que empezar...
-¿Tus recuerdos sobre tu cumpleaños?- continuaron
sus hermanas y su madre -¡Falsos!-
El "Falsos" resonó en su cabeza como un mazazo
antes de que su hermana Carla pulsase el botón de avanzar capítulo. Volvió a
aparecer ella desnuda, esta vez tirada en el suelo de aquella misma habitación,
rodeándola había un buen puñado de chicos, unos quince, todos los cuales, sin
excepción se masturbaban sus erectos miembros. A pesar de no verles las caras
reconoció las voces, eran todos los amigos y parientes que había invitado, y
Juan, claro.
No tardaron en empezar a correrse, derramando
grandes chorreones de ardiente lefa sobre su cuerpo. María se vio a si misma
riendo mientras el semen ocultaba su cara poco a poco y se acariciaba el cuerpo,
extendiendo los fluidos por el. Cuando todos hubieron eyaculado se apartaron y
entonces aparecieron, caminando a cuatro patas, su madre, sus hermanas y todas
las amiga a las que había invitado las cuales comenzaron a lamer su cuerpo,
devorando hambrientas toda la lefa que cubría el cuerpo de su anfitriona y
regalándole caricias, lametones, besos y con numerosos dedos de varias manos
penetrándola en sus cavidades intimas. En la siguiente escena apareció ella,
devorando una polla llena de nata de la tarta mientras con sus dos manos
masturbaba otras dos, a su alrededor varios mas esperaban su turno, con sus
pollas también llenas de dulce, al fin y al cabo ella era el centro de la
fiesta. Cuando se hubo puesto a tono se sentó sobre un chico en el sofa,
hundiéndose su verga hasta lo mas hondo y frotando sus tetas contra su cara, las
cuales el chaval apretaba, masajeaba, lamía y mordisqueaba. No tardaron en
llegar mas chicos a penetrarle por el culo y la boca mientras sus amigas y
parientes entretenían al resto de invitados o a la propia María cuando le
quedaba algún agujero libre....
Así los vídeos se sucedieron, con estremeciéndose
con cada "¡falsos!" que le espetaba su familia vio como Juan le folló el culo
sobre la mesa de su salón románticamente decorada para la primera cita con su
novio, el cual veía como su novia, con las tetas aplastadas contra la mesa y el
elegante vestido roto gozaba como una perra con cada embestida y lo insultaba y
le decía que no valía nada, vio como sus vacaciones en la playa fueron en
realidad una sucesión de orgías y un sinfín mas de ocasiones en las que había
sido usada como una puta, sin que luego recordase nada...
Ya no lloraba, si forcejeaba ni gritaba, resignada
observaba aquellas humillaciones aferrándose de manera enfermiza a una única
idea,su tabla de salvación: Que nadie salvo El sabía de todo aquello... fue
entonces cuando su hermana Eva, que había permanecido a su lado inmobil con el
portátil acabó con esa esperanza. Se movió hasta colocarse frente a María,
enseñándole la pantalla del portátil.
-Todas las veces que el amo nos uso quedan grabadas
y son subidas a una web, para que todo el mundo pueda ver lo putas que somos y
que el Amo gane dinero a nuestra costa- dijeron al unísono, mientras hablaban la
web apareció en la pantalla, mostrando una galería de fotos y videos de María en
todo tipo de situaciones, desde filial hasta bondage pasando por orgías,
bukkakes... María se quedó helada, rota su única salida, había decenas de
videos, centenares de fotos, todas ellas con cientos de comentarios, y arriba
pudo ver las pestañas que daban acceso a las galerías de sus compañeras de
clase, sus amigas...
Las voces de su esclavizada familia la devolvieron
a su terrible realidad.
-Este es tu destino- dijeron ominósamente -Olvidate
de ir a la universidad, quedarás reducida a un simple recipiente para la verga
del amo, un recipiente que ni siquiera sabrá leer ni escribir, solo follar, como
nosotras y le bastará una palabra para hacerlo.
Aquello fue demasiado para la chica, la falta de
comida y agua, la tensión nerviosa y el shock de descubrir la verdad acabaron
haciendo que se desmayase ante esas palabras. Cuando María cayó inconsciente sus
hermanas Eva y Carla dejaron el mando y el portátil y se situaron frente a ella,
con las piernas separadas y levantando sus pechos en la postura de espera que su
amo les había enseñado. Su madre en cambio cogió el móvil y marcó un número.
Juan recibió la llamada en su coche, que era
conducido por yasmina mientras, en el asiento de atrás Paula le hacía una cubana
con sus enormes tetas.
-¿Si?- dijo al coger la llamada
-Amo, el juguete se ha roto- le respondió la
impersonal voz de la madre de María, el chico se sonrió al escuchar aquellas
palabras.
-Bien, ya voy para allá, esperad-
-Si, Amo-
Tras colgar, Juan, al parecer ajeno al dulce
trabajo de Paula con su verga, revisaba los videos de la celebración, al final
todo había salido a pedir de boca, tenía varias horas de video con todas las
chicas de la clase en el restaurante, cuyo dueño había sido "convencido" para
que reservase el bar para ellos aquella noche y se asegurase mediante carteles
de que nadie ajeno al instituto entrase, por si fuera poco al acabar obligó a
todas las chicas a vestirse y fueron a la discoteca, cuyo dueño había recibido
el mismo tratamiento que el anterior, allí volvió a grabar varias escenas de
sexo con sus perras favoritas (era increíble lo que la autohipnosis podía hacer
a la hora de romper límites físicos) además de humillantes confesiones y sexys
bailes y lésbicos de las chicas en las barras de las gogos.
Y todo ello había quedado grabado, aquello le haría
ganar mucho dinero además de suponer la culminación de la humillación de sus
perras, tan solo quedaba poner la guinda final castigando a la rebelde.
-¿Cuanto queda?- preguntó mientras guiaba la cabeza
de Paula hasta su verga.
-Diez minutos, amo-
-Que sean cinco-
Cuando María recuperó la consciencia dos chicas mas
se habían unido a la fila de silentes esclavas, frente a ellas, sentado en una
silla con un cigarro en la mano se hallaba Juan quien, con un rápido movimiento,
le quitó la cinta que cubría su boca.
La chica le miró, aterrorizada, mientras el le daba
una calada al humo.
-¿Qué...que vas a hacerme?- preguntó
entrecortádamente.
El chico se sonrió antes de responder.
-Te han contado todo lo que va a pasarte, ahora te
contaré como empezó todo...