Relatos Calientes Gratis

Abigail


. Abigail no
ama al Amo", se autocastigaba. Una mañana, miró al erecto
muñeco y comprendió que podía montarlo. Su constante
estado de excitación sexual, y el hecho de no acabar, la tenía
muy frustrada. Montó al maniquí y mientras con una mano abría
sus labios, se hundió hacia él. El dolor fue increíble.
Su concha estaba tan irritada que parecía una brasa ardiente. Parecía
no terminar nunca. Rodó y se retorció gritando todo el tiempo.
Lentamente, muy pero muy lentamente, el dolor fue menguando. "Abigail
es mala. Abigail es una puta. Abigail es una mujerzuela. Abigail cogería
con cualquier cosa.". Y ella comprendió cuánto necesitaba
ser castigada. "Abigail le pide al Amo que la castigue. Por favor,
Amo, domine con látigo la maldad de Abigail.". Estaba llorando
con contrición. Quizás el Amo no la querría. No podía
controlar su pensamiento. Cuando despertó había un gran tablero
de madera en la habitación. Había argollas para su cuello
y manos, una para su cintura y también para sus tobillos. Recitando
"Por favor, castígame Amo" , se colocó en posición
y las argollas se cerraron. En la pared espejada, ella podía ver
la parte de atrás del tablero y entonces, ante su horrorizada sorpresa,
un bastón con un látigo apareció sostenido por un
guante de cuero. "¿Será el Amo?", pensó.
La vara acarició su piel, haciéndola temblar de miedo y excitación.
Y entonces observó cuando la vara subía y le daba el latigazo.
Vio una delgada línea roja aparecer sobre su piel y gritó.
El dolor era increíble. Sus nalgas temblaron y ella se esforzó
en controlarse y mantenerlas quietas. "Abigail te agradece, Amo. Abigail
quiere que el Amo castigue su culo". Doce veces el terrible bastón
rebanó su piel y doce veces ella rogó por más. Después
de esto, entrenó más duro, pero aún rogaba por castigo.
Sabía que eso la hacía mejor, más dócil, más
la esclava perfecta. Y también sabía que a menos que fuera
perfecta, nunca podría ver al Amo. Lloró pensando que nunca
podría ver a su Amo, que nunca podría sentirlo, que nunca
podría entregarse a él. Sabía que pertenecía
a él, pero quería ser absoluta, incondicional.

Más tarde, ella despertó
en la oscuridad. En un principio se asustó, pero cuando levantó
las manos hacia su cabeza notó que le habían colocado una
capucha. No comprendía el motivo pero estaba excitada. Sabía
que algo nuevo y excitante estaba por suceder. Recorrió su cuerpo
con las manos. Sus grandes pezones estaban duros. Su concha estaba anticipadamente
húmeda. ¿Vendría su Amo? ¿Podría volver
a acabar? No sabía si podría ser posible sin su clítoris.
Quizás cualquier experimento haya sido hecho con su cuerpo mientras
ella estuvo dormida. Sintió que unas manos enfundadas en cuero ponían
de pie. Tenía un collar alrededor de su cuello y se sintió
en la gloria. Temblaba con excitación. Caminó a lo largo
de pasillos alfombrados. Luego entró a una habitación cálida.
Sus pies se hundieron sobre una alfombra espesa. Permaneció de pie
y en silencio, mientras sus muñecas eran atadas a su espalda y era
obligada a arrodillarse. Cuando metieron su cabeza dentro de una sabana,
ella reventó de alegría. ¡Estaba por lamer a su Amo!
Se refregó sobre las sábanas de seda hasta lastimar sus pezones
endurecidos. ¡Su Amo no estaba allí! Todo olía a lino
limpio. Esa espera, de rodillas, pareció durar una eternidad. Retrocedió
cuando una mano tocó su cola. La estaba acariciando. Notó
que la mano tenía anillos, pero era una mano dura, masculina. Tomó
y apretó una nalga. Ella abrió sus piernas provocativamente.
Le dio una suave bofetada y se detuvo. Mientras esperaba, pudo darse cuenta
que la persona seguía en el cuarto y luego notó movimientos
sobre la cama. ¡Su Amo estaba en el cuarto! Pudo sentir sus pezones
como rocas y su concha palpitando. Sintió el peso de las piernas
del hombre a cada lado de su cuerpo y entonces, sin demora, se hundió
en su masculinidad. Gimiendo excitadamente con placer, ella sacó
su lengua y lamió un testículo duro. Un latigazo le dio de
lleno en su cola. Chilló de dolor ¿Por qué el Amo
era tan cruel con ella?. Ella sólo quería complacerlo. Sacó
su lengua nuevamente y otra vez recibió el latigazo. Lloró.
Estaba fallándole a su Amo. Él nunca la querría ver
nuevamente. Entonces recordó su entrenamiento: "Abigail quiere
lamer los pies del Amo. Abigail quiere besar las piernas del Amo.".
Se tiró a los pies de la cama y comenzó a llenar de besos
las plantas de los pies. Lentamente, muy lentamente, besó sus tobillos
y luego sus rodillas. Era mucho más excitante que hacerlo con el
maniquí; podía olerlo, saborearlo y pronto, pero no demasiado
rápido, estaría besando su pija. Sería perfecta para
su Amo. Centímetro a centímetro fue recorriendo sus muslos,
besándolo y lamiéndolo. Entonces, por fin, alcanzó
su objetivo. Besó, lamió y chupó. Su Amo se movió
ligeramente. ¿Qué querría? "Abigail quiere lamer
el culo de su Amo. Abigail quiere meter su lengua en el amo del Amo.".
Inmediatamente, su entrenada lengua, dio un golpecito en la abertura de
las nalgas y entonces, llena de placer, la empujó violentamente
dentro del orificio anal. Lamió la parte inferior de los testículos,
sintiendo el gusto de sus huevos. Lamió su pene. Su lengua rodeó
la cabeza de su pija. "Abigail quiere chuparle la pija al Amo. Abigail
quiere chuparle la pija al Amo". Lloraba de placer. Y entonces, repentinamente,
él se fue.

Abigail lloró y lloró,
siempre de rodillas, mientras seguía sintiendo el olor de su Amo
sobre el colchón ahora vacío. ¿En qué se había
equivocado? Ella fue llevada a su habitación y sollozando continuamente,
cayó en un profundo sueño.

Pareció que hubiese transcurrido
una eternidad antes de que fuera llevada nuevamente a la cama del Amo.
Esta vez ella recordó y se arrodilló, su cabeza al borde
mismo del colchón. Estaba segura que lo haría perfecto, pero
nuevamente sería decepcionada. Cuando se arrodilló ante la
cama se dio cuenta que su Amo ya estaba allí y, para su sorpresa,
con un par de mujeres. Abigail se ahogó en sus lágrimas.
No comprendía porqué tenía que tener más de
una esclava. Por supuesto, él no la querría, pensó.
Esas mujeres deberían ser mucho mejores que ella. Comenzó
su tarea con las piernas del amo, sintiendo unas suaves manos que las estaban
acariciando, imaginó los labios de las mujeres siendo besados y
sus pechos mimados. Cuando Abigail comenzó a lamer su pija, se dio
cuenta que otra mujer ya la tenía en su boca. ¡Cómo
hubiese deseado ser esa mujer!. Luego, ellos se dieron vuelta y ella poco
a poco se fue incorporando. ¡Oh! Su Amo se estaba cogiendo a una
de las muchachas. Las manos de Abigail fueron desatadas. La mujer tomó
al Amo firmemente de sus caderas y comenzó a meterle la lengua en
su culo, sacándola y poniéndola continuamente. Abigail sentía
la excitación de la mujer. ¡Cuánto daría por
estar en su lugar!. Ella quería que el Amo la cogiera. Quería
que hiciera con ella lo que quisiera. La muchacha lamió y besó
con los labios apretados alrededor del orificio anal de su Amo e introdujo
su lengua dentro de él. Sintió que él se estremecía.
Su Amo estaba acabando. ¡Cómo le hubiera gustado que acabara
dentro de ella!. "¡Abigail ruega que el Amo la coja. Abigail
ruega que el Amo la coja!". Luego él apartó a la desconocida
esclava y agarró del pelo a Abigail llevando los labios de ella
hacia sus caderas. Abigail estaba deslumbrada. Por primera vez ella sintió
su pija en su boca. Sin demasiada dureza, ella lamió y chupó.
Ella se sintió en el cielo cuando la pija se endureció y
le fue permitido continuar. "Abigail quiere que el Amo acabe en su
garganta"., rogó. Pero él no lo hizo. La otra mujer
se llevó el beneficio de su erección y luego ella terminó
de lamer la pija de su Amo con su lengua.

Ella pudo sentir un gusto algo diferente
pero no supo qué. Era el mismo olor de excitación sexual.
Cuando él la apartó para limpiarse, ella entendió.
Cuando lamió y chupó la pija de su Amo, lo que ella saboreó
fue el flujo vaginal de la otra esclava.

La siguiente vez que Abigail fue
sacada de su espejada habitación, no fue llevada al dormitorio.
En cambió se encontró arrodillada sobre una alfombra. Encandilada
y sorda, se dio cuenta que había otras personas en la habitación,
pero no tenía idea que estaba pasando. Le pareció haber estado
allí durante horas. No se atrevió a moverse. "Abigail
quiere ser perfecta para el Amo.", murmuraba. Entonces sintió
una vibración. Percibió que llegaba su Amo. Su cabeza se
inclinó hacia adelante. Él estaba usando algo. Lo sentía
con sus labios. Era un vestido. Lentamente, muy lentamente, comenzó
a murmurar "Abigail quiere chupar al Amo. Por favor, Amo, permite
que Abigail te chupe.". Y entonces, para su total placer, su mejilla
acarició su pija. "Abigail quiere lamer las bolas de su Amo.".
Lamió y chupó dando pequeños gemidos de placer. Y
para su deleite, la autorizó a chuparla propiamente. Sus pechos
se inflaron, su concha se calentó. Sintió la pija entera
en su boca, sus testículos acariciando su barbilla. Entonces pudo
saborear algunas pequeñas gotitas de semen. ¿Sería
posible? ¿Su Amo la honraría, dándole ese placer?
Las manos de él la tomaban de su pelo y le empujaban la cabeza hacia
adelante para que la pija entrara totalmente en su boca. Ella lloró:
Él estaba acabando. ¡Él estaba acabando!. Retrocedió
y Abigail sintió las últimas gotas de su eyaculación
sobre su lengua. Ella envolvió con su boca toda su verga, sintiendo
su textura. Delicadamente, precisamente, como le fue enseñado, hizo
exactamente lo que más deseaba, lamió toda la zona para limpiarla.

Muchas veces, después, le
fue permitido hacer acabar a su Amo. Practicaba en su habitación,
pensando constantemente en él. Se veía a sí misma,
veía como se había convertido en una esclava hermosa, perfecta,
femenina. Su collar dorado, su largo pelo rubio, su piel blanca y sus formas
perfectas. Estaba orgullosa de sus pechos, firmes pero suaves y cubiertos
por aquellos pezones grandes, de color rosa coral. ¡Cuánto
le gustaba chupársela al Amo! Amaba su pequeña abertura,
casi virginal, como la de una niña, su cola desnuda, su estómago
bien formado. El Amo le había hecho un cuerpo perfecto. Sólo
tenía que terminar de convertir su mente y su alma.... y sería
totalmente perfecta. Un día, al despertar, notó que tenía
argollas doradas en sus pezones y en su nariz. La argolla de oro calzada
sobre su cuello le daba un aspecto salvaje y muy erótico. Parecía
uno de esos exóticos animales domésticos. Estaba en lo cierto.
"Yo soy su mascota". Sentía un pequeño dolor en
su lengua. Cuando la sacó, vio cinco aros dorados. Son maravillosos,
pensó. Cuánto placer le daría a su Amo cuando ella
lo lamiera. Saltó por la habitación, como una chiquilla,
cantando: "Abigail ama a su amo. Abigail ama a su Amo". A pesar
del dolor, pasó el día practicando cómo lamer a su
Amo. Unos días después, despertó con un dolor en su
pecho derecho. Se miró en el espejo. "Esclava Abigail"
estaba tatuado en un tipo de letra muy decorativo. Le agradaba haber sido
marcada como propiedad del Amo. "Abigail es una esclava. Abigail es
una esclava". Y entonces, por primera vez, ella entendió el
significado del tatuaje. "Y Abigail ama ser una esclava", pensó.
Era verdad. Amaba ser una esclava. No tener voluntad. Teniendo un sólo
propósito en la vida: Servir al Amo con su cuerpo. "NO"
, pensó en voz alta, "No es MI cuerpo, es SU cuerpo. Yo no
soy nadie sin él". Se sentó un momento para seguir pensando.
Una oleada de alegría barrió sus pensamientos. Entonces,
Abigail se postró sobre el piso. "Amo. Soy tuya. Todo lo que
soy, todo lo que pienso te pertenece a ti solamente. Por favor, úsame
como quieras. Quiero ser perfecta para ti. La esclava perfecta". Y
derramó lagrimas de felicidad. Continuó recitando su amor
y devoción, su vocación para servir, su indignidad y su necesidad
de ser castigada. "Nunca seré suficientemente buena para ti,
Amo. Por favor, hazme perfecta. Saca la maldad de mí, con tu látigo".
Al día siguiente se colocó sola en la tablero de castigo.
Contrajo su culo, anticipándose al dolor. "Por favor, Amo,
saca la maldad de mí". Entonces el tablero comenzó a
moverse. Lentamente y suavemente, se enderezó y arqueó su
espalda. Estaba sujetada con seguridad. La pared comenzó a abrirse.
No vio nada en la oscuridad. La mano enguantada se acercó sosteniendo
el látigo. Éste tenía cinco cuerdas de aproximadamente
cincuenta centímetros de longitud. La mano lo levantó y Abigail
gritó. Comprendió que sus pechos iban a recibir el latigazo.
No lo podía creer hasta que sintió el golpe del látigo
en su piel. Sus pechos saltaron y cinco líneas rojas aparecieron
sobre ellos. Un instante y nuevamente el golpe. Gritó, pero rogó
por más. Cuando el tablero quedó frente al espejo, ella vio
como su cuerpo estaba marcado desde los hombros hasta su concha por una
gran cantidad de ribetes rojos. Suspiró con alivio cuando el castigo
cesó y la dejaron liberarse. Se arrodilló y masajeando sus
tetas torturadas, agradeció a su Amo. "Abigail será
buena. Abigail será la esclava más puta y más perfecta.".


Unas pocas semanas después,
cuando las marcas habían desaparecido, su deseo se hizo realidad.
Despertó encontrándose con los codos atados a su espalda
y vendada. La venda no estaba fuertemente atada y podía ver un poco
de luz a través de ella. Se sintió excitada. Algo importante
iba a suceder. Después de una eternidad de ansiosa espera, ella
fue llevada. Conocía el camino al dormitorio y se sintió
plenamente feliz cuando se dio cuenta donde estaba. Permaneció de
pie, temblando, esperando por lo que iba a suceder. Entonces, manos femeninas
la llevaron hacia la cama. Se sorprendió cuando, en vez de hacerla
arrodillar, la hicieron subir a la cama. Las manos tomaron sus tobillos
y los ataron a lo ancho y a lo alto. Sintió que colocaban almohadones
bajo sus caderas. Trató de mantenerse inmóvil. Estaba por
suceder. "Abigail quiere ser cogida. Por favor, coge a Abigail",
cantó. "Por favor, lléname Amo. Úsame. Llena
mi útero. Toma placer de mí". Comenzó a respirar
excitadamente. Sus pechos se inflaron y sus pezones dolieron. Su concha
comenzó a gotear. Entonces sintió movimiento en la cama.
"Por favor, coge a Abigail. Por favor, coge a tu esclava, Amo".
Cuando sintió los dedos del Amo abriendo su vagina para introducirse
dentro de ella, gimió de placer. "Oh, sí, Amo. Oh, sí.
Abigail es tuya, Amo. Tu mujerzuela más puta.". Y luego gritó
de alegría. Su verga estaba entrando en ella. Y estaba empujando.
Era grande. Estaba rasgándola. Ella gritó de dolor y empujó
sus caderas hacia él, moviéndose acompasadamente. Lentamente,
muy lentamente, él la cogió. Abigail sintió que la
excitación subía. Sus cuerpos estaban pegados. Y entonces,
por primera vez desde aquella última terrible ocasión, ella
acabó y acabó... y acabó. Lágrimas de felicidad
bajaron por sus mejillas cuando su Amo le quitó la venda. "Oh,
Amo. Gracias. Gracias", gimío a su Papá. "Cállate
y sigue cojiendo, esclava", él dijo sonriendo. Y así
lo hizo.

Epílogo

Fue un par de años más
tarde, cuando Abigail ayudó a entrenar a su pequeña hermana
Emma, cuando descubrió todo lo que le había sido hecho a
ella. Se apenó por Emma cuando la vio por primera vez, atada, con
los ojos vendados y auriculares sobre sus oídos. Pero se sentía
feliz por lo que le iba a ocurrir. En unos pocos meses, estaría
trabajando como esclava del Amo. Y que feliz sería cuando Papá
se apropiara de ella. Quizás, pensó, no me pondré
tan celosa cuando él la tome. Abigail odiaba cuando, como normalmente
sucedía, algunas otras esclavas eran seleccionadas para su cama.
Miró el cuerpo desnudo de su hermana. Era muy hermosa, pero sus
pechos, quizás, demasiado pequeños. Miró sus propios
pechos, hinchados y su barriga prominente. Lamentaba que no fuese hijo
del Amo, pero no se preocupó, por otra parte, sobre quien podría
ser el desconocido donante de esperma. Y el estómago de Emma era
tan chato como el de un muchacho. Pero sus muslos eran lindos y serían
mucho mejor después de la dieta especial y después que los
ejercicios hicieran su efecto.

Abigail suspiró cuando el
Amo llevó a Emma al orgasmo. Se preguntó si ella hubiese
acabado antes. Emma tenía sólo 17 años y, aunque no
era virgen (o al menos no tenía himen), no podría haber cogido
con tantos hombres. Miró la cara escarlata de Emma con vergüenza
y horror, cuando ella se arqueó entre orgasmos. Era tarea de Abigail
prepararla para su nueva vida. Primero rasuró su vello púbico.
Se aseguró de no dejar ningún rizo sin rasurar, chequeando
con la lengua, su órgano más sensitivo. Luego colocó
los clips en los labios vaginales de la muchacha, estirándolos con
cordones que ensancharon y dejaron perfectamente abierta la vagina. Se
dio cuenta que vulnerable lucía su hermana. Encajar el catéter
fue más fácil de lo esperado y hacerle la enema fue muy simple.
Se sorprendió de la cantidad de líquido jabonoso que debía
introducirle. ¿Podría recibir tanto?. Cuidadosamente colocó
el cubo y presionó la bomba. Pobre Emma. Lanzó una poderosa
flatulencia y arrojó una inmensa cantidad de suciedad explosivamente.
Por último, Abigail limpió a su hermana.

Ajustó el goteo con dificultad,
antes de inyectar la aguja sobre el brazo de Emma. Utilizando unos sujetadores,
mantuvo su boca abierta. Habiendo limpiado sus delicados dientes, introdujo
el tubo de alimento en la garganta de Emma. Fue extremadamente cuidadosa
de no sobrepasar su tráquea. Ajustó la cantidad de alimento
que debía suministrarle. Era desagradable. Una mezcla de crema,
huevos crudos y grasa. Era extremadamente alto en calorías y minerales.
Cuando el estómago de Emma se endureció, Abigail lo probó.
Sintió el estómago bajo la piel. Luego se volvió hacia
los pezones de Emma. Limpió cuidadosamente cada uno de ellos antes
de colocar las ampollas al vacío. La diferencia de presión
no era mucha, pero suficiente para mantenerlos erguidos y duros.

Comenzó a masturbar el clítoris
de su hermana. Nunca había hecho esto antes porque todas las esclavas
del Amo habían sido circuncidadas. Apretó y presionó
el firme y pequeño brote, mirando fascinada los frenéticos
movimientos de la muchacha. Emma ardía en pasión y Abigail
aplicó el bisturí. Con un terrible grito, el diminuto órgano
sensitivo fue extraído. Cauterizó la herida. Emma permaneció
inmóvil. El Amo le inyectó un anestésico y Abigail
rebanó el labio vaginal interior. Cosió cuidadosamente la
herida antes de poner un diminuto anillo sobre la cicatriz que se formó
donde había estado el clítoris. Luego, se sentó en
la habitación de control decidiendo sobre los mensajes que Emma
debía recibir.

Abigail la visitaba cuatro veces
por día. Alimentaba a su hermana, cambiaba la bolsa del catéter
y evacuaba sus intestinos. El alimento endurecía sus músculos.
Gradualmente fue poniendo tapones más grandes en la concha de la
muchacha. Fue colocando más presión en las ampollas al vacío
que colocaba sobre los pezones. Recordó encender la almohadilla
vibradora que prevendría las llagas. Debía comenzar a ejercitar
a la muchacha. Entonces, una mañana, activó la diminuta válvula
que controlaba su vagina. Desde ahora Emma ejercitaría sus músculos
vaginales o estallaría. Abigail estaba feliz cuando Emma vio por
primera vez su ya transformado cuerpo. Como le había sucedido a
ella misma, Emma se sorprendió al ver sus pezones y Abigail sonrió
cuando comprobó como se endurecían rápidamente. Siguió
siendo la responsable del entrenamiento de su hermana aunque se ausentó
un par de días para dar a luz. Amó a las gemelas negras que
nacieron de su vientre, pero más amaba a su Amo, especialmente cuando
Él chupaba sus pechos. Vio como Emma lo lamía la primera
vez, notando que cometía el mismo error al hacerlo apurada. Abigail
la reprendió con latigazos bajo las nalgas indefensas de su hermana.
Emma debía ser una esclava perfecta. Cuando le tocó fustigar
sus jóvenes y firmes pechos, Abigail fue implacable.

Algunas semanas después,
Abigail estaba en la cama del Amo con Anne, y Emma estaba a los pies de
la misma. Se apenó por su hermana cuando el Amo sacó su erecto
miembro de su boca pero se deleitó cuando la eligió a ella,
a Abigail, para hacerle el amor. Después de haber dado a luz, Abigail
había entrenado continuamente a Emma con distintos consoladores.
Veía como ella, de rodillas, esperaba en el harem. Recordó
cuando ella estuvo por primera vez, compartiendo la habitación con
otras personas. Miró a su alrededor a todas las demás esclavas,
felices, riéndose. Todas eran hermosas. Todas eran jóvenes.
Y todas amaban al Amo. Quedó extasiada viendo como Emma le hacía
un fellatio al Amo. Se notaba que la chica estaba muy concentrada. Y observó
su deleite cuando él acabó en su garganta.

Abigail corrió a contarle
al Amo cuando Emma hizo su sumisión. Le mostró la cinta de
video que había grabado. Emma arrodillada, brazos extendidos, rogándole
a su dueño que la tomara, obviamente, sin saber que la estaban filmando.
Para que él la usara como quisiera. Abigail observó cuando
la muchacha entró en un sueño profundo y luego se sentó
a mirar como Julie tatuaba su pecho. Julie estaba cada vez más experimentada
y en pocos minutos grabó "Esclava Emma" sobre el seno
de la muchacha. Finalmente Abigail preparó a su hermana para la
sumisión final. La condujo a través de los corredores y la
dejó sobre la cama del Amo. Ató los tobillos de la muchacha
a cada lado de la cama y levantó sus caderas. Abigail esperó
arrodillada, con las piernas abiertas y cruzadas y la mirada baja, la llegada
de su Amo. Estaba celosa de su hermana. Entonces Él entró.
Dio unos cariñosos golpecitos sobre la cabeza de Abigail antes de
sentarse al lado de Emma. Abigail no se atrevía a mirar, pero escuchaba
los gemidos de Emma. Hirviendo de celos y frustración, escuchó
el grito de la muchacha cuando fue penetrada.

Abigail descubrió mas tarde
que era la primera vez que Emma hacía el amor. Se sentía
muy orgullosa que su Amo haya tomado como esclavas a sus pequeñas
hijas. "Pero" , pensó Abigail cuando estaba en la cama
con las criaturas, "ella no podrá darle al Amo una teta con
leche para chupar". Mientras tanto, Emma ya estaba pidiéndole
al Amo que la marcara con hierro como al resto de las esclavas.

FIN




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