Relatos Calientes Gratis

La puta y el cliente


. Abrió los ojos y pudo ver cientos de gotitas
doradas enredándose en sus pelos y mi cara un poema mezcla de concentración y
placer.
Mi chorro se hizo mas fuerte, el se movió ligeramente para
que el impacto cayera sobretodo en su polla sedienta, las gotas cálidas de
deslizaron rápidamente por el tronco de su verga, jugando al pasar con las venas
que sobresalían, para caer al vacío, previo paso por los pelos de sus cojones.
El chorro aumentó su fuerza, realmente tenia mucho guardado. Mi lluvia cayó
sobre su capullo rosado y húmedo, incluso salpicó su vientre y también el suelo.
Me levanté ligeramente y me di la vuelta, dándole la espalda. Me puse de pie,
las piernas abiertas una a cada lado de la taza, eché mi culito hacia atrás,
hasta que pudo besarlo fácilmente, puse mis manos en sus muslos y de nuevo
comencé el torrente que había interrumpido. El tenía un primer plano de mi culo
y de mi fuente amarilla, la cual caía con menor fuerza sobre su vientre, polla,
muslos... La visión era fantástica, el aroma que tenia a escasos centímetros de
su nariz era embriagador y deseaba que no terminara nunca. Pero por desgracia
tuvo que acabar con parte de su cuerpo bañado en mi cálido y dorado néctar y las
infinitas gotas recorriendo cuesta abajo las partes de su cuerpo en las que
cayeron. Cuando el chorro se apagó y las ultimas gotitas salieron perezosas de
mi chochito creímos estar llegando al éxtasis. Una vez que paró la lluvia, media
docena de gotas, perlas doradas, asomaban por entre los pelos de mis labios.
Estuvo muy tentado de llevarlas a sus propios labios, de saborear mi intimidad y
misterio. Pero no pudo ser, de repente me levanté, lo miré sonriente, le dije
"te avisé que era bastante" y le di un profundo beso en la boca con mi húmeda
lengua curioseando dentro de la suya. Me fui corriendo a la ducha, donde me
encontró bajo el agua instantes después.
La ducha fue rápida pero eficaz, nos limpiamos con
detenimiento, casi en silencio... de todos modos no teníamos afán pues el premio
mayor llegaría en la calidez de la cama. Mientras me secaba el fue a pedir una
botella de champagne y dos copas. Me sorprendió y dentro de mi pensé si siempre
pedía champagne para estar con una vagabunda... sonreí. Ya en cama la abrió sin
derramar ni una gota... POP!...
Sirvió dos copas de champagne. Me tumbé a su lado y
brindamos, primer sorbo y un beso lleno de champagne, nos llenamos mutuamente la
boca del chispeante sabor, las burbujitas estallando dentro de mi boca como en
pequeñas explosiones. Pronto nos dimos cuenta de que podíamos obtener mucho
placer repitiendo el juego en otras partes de nuestros cuerpos.
Cuando ya no quedaba gota del espumoso licor en nuestras
bocas, nos separamos. Sin hablar, diciéndolo todo con la mirada, nuestros
cuerpos desnudos se pusieron de rodillas en la cama. Mojó un dedo en su copa y
lo llevó goteante hasta uno de mis pezones, enseguida unió su lengua, saboreando
la deliciosa mezcla de mi suave piel con la efervescencia dorada del licor.
Volvió a hacer lo mismo en mi otro pezón para que no se sintiera desplazado. Mi
reacción fue automática. Mis pezones respondieron enseguida, poniéndose erectos
y duros, listos para ser chupados, lamidos y mordisqueados. Mientras, con los
ojos cerrados ya me había apoderado de su polla empalmada, acariciándola con
suavidad, arrancándole suspiros de gusto.  Me desperté de la ensoñación,
abrí los ojos, tomé mi copa, le pedí que se acostara en la cama, tomé un trago
de mi copa, bajé la cabeza hasta su miembro rígido y me lo metí  en la
boca, de repente sintió algo nuevo y muy placentero: el champagne que no me
había tragado le empapo el miembro, desde el capullo encarnado hasta la base
velluda, pasando por el tronco venoso. Fue como si una mini lluvia hubiese
salido de mi boca. La mamada que le hice fue deliciosa, yo absorbía todo el
champagne como si me quisiera emborrachar.
Cuando creía que se había secado volvía a repetir el juego.
En su postura lo único que podía hacer era acariciar mis suaves nalgas, solo con
una mano, mientras yo le hacia locuras con mi lengua en su glande y en todo el
miembro. Al cabo de unos minutos, sintió que su orgasmo se acercaba. Me pidió
que parara o si no iba a estallar. Pensé que me iba a penetrar en ese instante,
pero me equivocaba. Me pidió que me acostara, así lo hice, con las piernas bien
abiertas. Durante unos segundos se quedó fijo con la exquisita visión que se le
presentaba: mi sexo velludo, rosado y brillante, mis labios ligeramente
abiertos. Tomó su copa, mojó su dedo y lo llevó hacia mi monte de Venus. Allí se
formo un diminuto riachuelo que secó enseguida con su lengua, enredada en mi
sensual selva. Mi gemido de placer lo animó a repetir la operación dos o tres
veces mas, cada vez llegando mas abajo con su lengua hasta rozarme los labios
mayores. Mi aroma le decía todo lo que tenia que saber, le estaba invitando a
saborearlo, mi calor, mi humedad lo atraían mas que un oasis en medio del
desierto. Esta vez sin otros sabores, acercó su lengua, en cuanto la punta hizo
contacto con la carne lo recorrió una corriente de placer y su boca se lleno de
sabores y sensaciones mágicas. Yo abría mas las piernas facilitándole la labor.
Con sus dos manos en mis nalgas me atrajo mas todavía hacia el, quería ir mas
cerca, mas adentro, beber más jugo.
La pasión del momento era enorme. Esta aumentó en el momento
en que uno de sus dedos encontró mi pequeño orificio trasero. Tras acariciarlo
suavemente por el exterior su dedo comenzó a abrirse paso por el misterioso
canal. Antes de seguir, interrumpió durante dos segundos su mamada y se llevó el
dedo a la boca para mojarlo bien con la excitante mezcla de su saliva y mis
jugos íntimos. Volvió a pegar sus labios a los inferiores míos y su dedo
brillante de humedad volvió a juguetear con mi cada vez más húmedo y relajado
ano. Su lengua y su boca se estaban dando un banquete con mi elixir, mientras
que su dedo se iba adentrando mas profundo en el oscuro y estrecho interior. Yo
cada vez gemía mas fuerte, mis caderas se movían rítmicamente, sobre su barbilla
empapada y sobre su dedo. Estaba penetrándome por delante y por detrás, con su
lengua y con su dedo, su nariz llenándose de la extraña mezcla  de aromas,
el momento era de una intensidad erótica tremenda. Todos sus sentidos estaban
siendo estimulados al máximo, las sensaciones que recorrían su polla anunciaban
la inminencia de su orgasmo. Me informó de su situación, y me dijo que o me
penetraba ya mismo o no se podría retener. Le pedí que por favor me penetrara.

Levantó su cara (no se la podía ver, pero imaginaba el estado
en el que debía estar), retiró poco a poco su dedo pero le dije que lo quería
volver a tener dentro. Tras entrar en mi acogedora cueva, se llevó de nuevo el
dedo a la boca para llenarlo de su saliva y devolverlo a mi estrecho refugio
trasero.  Una vez dentro su miembro bañado por el elixir, abrazado
calurosamente por las paredes de mi chocho, su dedo en situación muy parecida,
nuestros cuerpos empezaron a bailar, el compás enseguida se fue acelerando. Mis
gemidos, el ritmo cada vez más frenético y la sensación de poder notar su polla
con su dedo hicieron que nuestra danza fuera mas corta de lo que hubiéramos
querido. Pocos minutos (tal vez muy pocos) tardó en explotar de placer y
felicidad, su semen salió en largos y blancos chorros, realmente abundantes
después de tanta excitación. Yo no tardé mucho mas en llegar a mi orgasmo. Tras
el clímax, retiró lentamente su dedo invasor.
La cama, hecha un desastre; el aire, cargado de nuestros
perfumes más secretos; nuestras caras, recorridas por una enorme sonrisa. Estuvo
unos minutos aun duro dentro de mi cueva mientras nuestros cuerpos se relajaban
y esa bonita somnolencia se apoderaba de nosotros. Con pena interrumpió la
escena para poder limpiarse el pene bañado en su propia leche y en mis flujos,
así como su dedo índice.
El estaba vacío, a mi las rodillas me temblaban, había sido
una tarde maravillosa, de sueño. Pero el estado de su polla y de su dedo le
confirmaban que efectivamente había sido maravilloso, pero muy real... y lo
mejor de todo es que ya no pensaba cobrarle.




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