Relatos Calientes Gratis

Mi profesora de gimnasia (2)


. Instintivamente separa sus piernas, para que la
toque, para que la masturbe. De nuevo su respiración se agita y su cabeza cae
hacia atrás.
- Por favor, jodido cabrón, fóllame de una puta vez, ya no
puedo más, mi cuerpo está destrozado, estoy agotada y me siento más caliente que
una perra en celo… por, por, por favor…. Acaba de una vez esta agonía, ¡¡¡No
puedo más!!!
Sigo acariciándola por todo el cuerpo, sus piernas, su pecho,
su vientre, su coño ardiente…. Entonces la separo de mi, de mi pecho, de forma
que su culo queda hacia fuera. Ella se resiste; como no puedo mantenerla
separada, cojo uno de los cordones de sus zapatillas y le ato un extremo al
cuello y otro al banco de delante, quedando totalmente inmovilizada por sus
brazos en alto y su cabeza hacia delante… ahora su culo es mío, solo mío.
- ¡NO, no, no, que haces, joder, no, no, mi culo no, soy
virgen, cabrón, ni se te ocurra, noooooooo!
En cuanto la punta de mi polla apunta hacia su trasero, se
calla en seco, se da cuenta que va en serio. No quiero que grite, porque a pesar
estar solos, siempre nos podría escuchar alguien por alguna galería de los
lavabos. Con una mano le tapo la boca para callarla, con la otra apunto a su
culo y empiezo a penetrarla, lentamente…. También quiero que sufra ahora, que no
la sienta de golpe, si no poco a poco, como le voy llenando las entrañas. Mi
polla va avanzando lentamente, ella se retuerce pero tiene muy pocas
posibilidades de movimiento. No le queda más remedio que sentir como le rompo el
culo mientras ella no puede hacer nada, ni siquiera sentir el placer de un
orgasmo.
Una vez la tengo hasta el fondo, empiezo a sacarla y meterla,
primero lentamente, pero luego mucho más rápido; noto que ella empieza a gemir a
través de mi mano, pero no se la quitaré, no quiero sorpresas. La visión de su
espalda justo delante de mí, musculosa, brillante, sus brazos tensos, sus
músculos tirantes, sus piernas bien separadas… me vuelven loco, hasta el punto
que no puedo más y acabo corriéndome en su culo, se lo lleno por completo;
suelto un grito que, inevitablemente se me escapa, pero dudo que pueda
reconocerme por eso.
Cuando he terminado me levanto y la dejo allí, atada,
esperando su recompensa que no va a llegar nunca, aunque… tengo una idea, una
idea para humillarla aún más. Doy la vuelta al banco me pongo justo al otro
lado. Ella sigue con las manos atadas a la barra superior y con el cuerpo
inclinado hacia delante por el cordón que la sujeta al otro banco. Entonces le
suelto una mano, la derecha (ella es zurda) e inmediatamente me siento en la
otra hilera de bancos, justo donde me había sentado antes. Ella duda unos
segundos, pero acaba acercando la mano a su coño y se empieza a masturbar como
una loca. Se está masturbando delante de su secuestrador, de su verdugo, del
tipo que la ha humillado y violado en el vestuario, pero le da igual, no puede
más y necesita llegar al orgasmo.
A los pocos segundos llega a su… ¿Merecido? Orgasmo con un
grito suave, ya que no tiene fuerzas ni para gritar. Acto seguido deja caer su
brazo por en medio de los dos bancos y pierde el conocimiento, está extasiada.

Yo aprovecho para vestirme y largarme de allí, sin que se de
cuenta, dejándola medio atada. Con la mano que tiene libre podrá desastarse y
volver a su casa. Cuando llego yo a la mía, me doy una ducha satisfecho de haber
cumplido mi venganza. Me siento bien, porque considero que le he dado su
merecido, a esa engreída. Espero que a partir de ahora nos trate a todos con más
respeto.
…..
A los dos días, volví al gimnasio como si nada. Ella estaba
allí, con ojeras, como si llevara dos días sin dormir. Tan solo dirigía las
clases, no participaba en ellas. Mi sonrisa de satisfacción podría haberme
delatado, pero me daba igual, la satisfacción lo valía todo.
Al terminar la clase me llamo y me dijo: - Bueno, Oscar, sólo
quería decirte que siento haber sido tan dura contigo, y que a partir de ahora
intentaré darte un trato especial, para compensarte. De momento acepta esto como
adelanto.- Me dio un beso en la mejilla y se fue. Por un momento no supe que
decir, pero me fui a mi casa la mar de contento, Al llegar a casa abrí el sobre
y me quedé helado: Era un análisis de ADN donde decía que la señorita tal y tal
había sufrido una agresión sexual por parte de un individuo que respondía a los
datos de…. ¡Joder, era mi nombre… la muy puta había descubierto que yo la violé!
Me quedé de piedra, blanco como la cera. El expediente iba adjunto con una nota,
que me decía "Querido, no te he denunciado a la policía, ya que este análisis me
lo hizo una amiga de confianza. Te espero mañana a las 19 en mi casa para
‘discutir’ el asunto y ver de qué forma puedes compensarme. No faltes a la cita,
por tu bien. Un beso, Niki".




Deja Un Comentario