Amor en familia
Hola:
Mi nombre es Silvana, yo ya les
envié un relato con anterioridad, ahora el relato que les envío
no es mío, sino de una amiga de mi mamá que no se animaba
a enviarlo, entonces yo se lo envío a ustedes de parte de ella.
El relato es 100\% real, está escrito tal cual ella me lo cuenta
a medida que lo voy escribiendo. Espero que les guste.
Mi familia siempre a sido unida
y afectuosa. Juan, mi marido, simplemente adora a su hija y yo pienso que
eso es hermoso. Ambos han estado tan cerca toda su vida que cuando uno
de los dos se iba a algún lugar, tenían que besarse. Cuando
ella quedo embarazada en su adolescencia, yo estaba segura que era de Juan,
aunque ellos lo desmintieron siempre. Las relaciones familiares, las intimas,
siempre han formado parte de mi vida. Mariana, mi hermana mayor, y mis
dos primos, Gonzalo y Ezequiel, crecieron sintiendo mucho afecto entre
ellos. Mariana y yo crecimos durmiendo juntas. Mariana tiene hermosas tetas
y esta muy orgullosa de ellas. La ropa que usa las realza y le encanta
hacerlo. Ya que sus tetas siempre fueron mucho más grandes que las
mías, no era egoísta y me dejaba acariciarlas y chupar sus
pezones. Muchas noches, en la cama, jugábamos con nuestros pechos
y nos masturbábamos mutuamente. A mi me encantaba tocárselos
y apretujárselos, ¡eran tan redondos y duros!, que me gustaba
acariciarle los pezones hasta ponérselos duritos y después
los mordisqueaba y los chupaba con sumo placer.
Siempre que podía, cuando
estábamos solas en casa, le pedía a mi hermana: Mariana ¿me
das la teta?, y Mariana nunca me la negaba. Cuando nuestra prima Sara su
quedaba a dormir con nosotras, sentíamos que debíamos cuidarnos,
hasta que nos dimos cuenta que a ella le gustaba jugar del mismo modo y
hasta descubrimos que Sara sentía la misma adoración por
las tetas de Mariana que yo. Entonces Marina la dejaba jugar con ellas
también. Cuando mi propia hija llegó a los 18 años
estaba muy bien desarrollada en los lugares adecuados, lo que la hacía
verse muy apetecible. Me hizo y hace recordar a Mariana en muchas oportunidades.
Muchas veces tuve fantasías con ella pero las desechaba. Seguramente,
ella no sentiría lo mismo por el sexo que su tía Mariana.
Entonces un domingo mi hermana vino a comer con su esposo y su hijo. Yo
estaba ordenando las cosas después de la comida y entré en
unos de los dormitorios justo para ver a mi hija con Mariana, recostadas
en la cama. Juana levanto la cabeza cuando entré. Por su casi total
desnudez, supe que no estaban charlando exactamente, sino que Juana estaba
besando a su tía, y debe haber tenido una de las manos en los pliegues
del desabrochado vestido de mi hermana entre sus maravillosas tetas
. Mi
corazón dejó de latir por unos segundos. Más tarde
Juana y Mariana decidieron salir a caminar. Yo las miraba. Mariana tenía
un brazo alrededor de los hombros de mi hija. La mano de Juana reposaba
sobre la cadera de Mariana. Su cabeza estaba apoyada sobre el hombro de
ésta mientras caminaban por el patio, como dos enamoradas. Corrí
tras ellas y me apuré a llegar a una ventana rota. Cuando llegué
allí, vi que efectivamente, como lo había pensado, estaban
en la vieja casita de la servidumbre que todavía conservamos en
el jardín, y las dos tenían sus blusas desabrochadas, y estaban
paradas y se tomaban por las manos. Mi hija miraba los pechos de Mariana,
con esos maravillosos pezones rosados que yo conocía tan bien. Comenzaron
a besarse en la boca, y a pesar de la distancia yo podía ver sus
lenguas rozarse y enlazarse una y otra vez. De pronto sus bocas se separaron
y Juana bajó su cabeza y empezó a tocar con la punta de la
lengua los pezones de Mariana. Por un momento me vi yo, hace mucho tiempo
atrás, succionado esos pezones de la misma forma y con la misma
devoción y calentura con que lo hacía Juana. Entonces escuché
a Mariana que decía: Querida no tenemos mucho tiempo, más
vale que lleguemos a eso. Entonces Juana dejo de chupar y se recostó
sobre un viejo sillón y Mariana le sacó la pollera. Mi hija
abrió sus piernas mientras Mariana se inclinaba hasta tener su cabeza
entre las piernas de Juana. Yo no alcanzaba a ver lo que estaba ocurriendo
pero no hacía falta, sabía que Mariana estaría lamiendo
la conchita de mi hija y hasta tal vez la estaría penetrando con
los dedos. Pero sí podía ver las facciones de Juana totalmente
crispadas de placer y moviendo su cabeza muy despacio de un lado a otro
para demostrar el éxtasis que estaba sintiendo. De pronto Mariana
se incorporó y fue a sentarse sobre las rodillas de Juana y empezó
a cabalgarla pubis contra pubis. Las dos se movían con desesperación,
hasta que vi las manos de mi hija crisparse sobre los hombros de su tía
y en unos pocos minutos más mi hija llegó al orgasmo y Mariana
dijo: Mejor nos vamos.
Era demasiado para soportarlo yo
sola. Tenía que irme mientras se vestían. Fue algo fascinante
de ver para mí. Ahora sé que puedo hacer el amor con mi hija.
Tengo que esperar el momento, el lugar y las circunstancias adecuadas.
Mucha gente pensara que mis pensamientos son equivocados, pero a mí
me gustan las cosas con amor en la familia, y espero que mi hija crezca
de la misma manera: con los mismos sentimientos.
Este relato está tal cual
ella me lo iba contando, yo sola escribía lo que ella me iba diciendo,
espero que les guste y que lo publiquen. Después les enviare más
relatos. Un beso a todos.
Silvana.