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Amor en familia


. Mi
corazón dejó de latir por unos segundos. Más tarde
Juana y Mariana decidieron salir a caminar. Yo las miraba. Mariana tenía
un brazo alrededor de los hombros de mi hija. La mano de Juana reposaba
sobre la cadera de Mariana. Su cabeza estaba apoyada sobre el hombro de
ésta mientras caminaban por el patio, como dos enamoradas. Corrí
tras ellas y me apuré a llegar a una ventana rota. Cuando llegué
allí, vi que efectivamente, como lo había pensado, estaban
en la vieja casita de la servidumbre que todavía conservamos en
el jardín, y las dos tenían sus blusas desabrochadas, y estaban
paradas y se tomaban por las manos. Mi hija miraba los pechos de Mariana,
con esos maravillosos pezones rosados que yo conocía tan bien. Comenzaron
a besarse en la boca, y a pesar de la distancia yo podía ver sus
lenguas rozarse y enlazarse una y otra vez. De pronto sus bocas se separaron
y Juana bajó su cabeza y empezó a tocar con la punta de la
lengua los pezones de Mariana. Por un momento me vi yo, hace mucho tiempo
atrás, succionado esos pezones de la misma forma y con la misma
devoción y calentura con que lo hacía Juana. Entonces escuché
a Mariana que decía: Querida no tenemos mucho tiempo, más
vale que lleguemos a eso. Entonces Juana dejo de chupar y se recostó
sobre un viejo sillón y Mariana le sacó la pollera. Mi hija
abrió sus piernas mientras Mariana se inclinaba hasta tener su cabeza
entre las piernas de Juana. Yo no alcanzaba a ver lo que estaba ocurriendo
pero no hacía falta, sabía que Mariana estaría lamiendo
la conchita de mi hija y hasta tal vez la estaría penetrando con
los dedos. Pero sí podía ver las facciones de Juana totalmente
crispadas de placer y moviendo su cabeza muy despacio de un lado a otro
para demostrar el éxtasis que estaba sintiendo. De pronto Mariana
se incorporó y fue a sentarse sobre las rodillas de Juana y empezó
a cabalgarla pubis contra pubis. Las dos se movían con desesperación,
hasta que vi las manos de mi hija crisparse sobre los hombros de su tía
y en unos pocos minutos más mi hija llegó al orgasmo y Mariana
dijo: Mejor nos vamos.

Era demasiado para soportarlo yo
sola. Tenía que irme mientras se vestían. Fue algo fascinante
de ver para mí. Ahora sé que puedo hacer el amor con mi hija.
Tengo que esperar el momento, el lugar y las circunstancias adecuadas.
Mucha gente pensara que mis pensamientos son equivocados, pero a mí
me gustan las cosas con amor en la familia, y espero que mi hija crezca
de la misma manera: con los mismos sentimientos.

Este relato está tal cual
ella me lo iba contando, yo sola escribía lo que ella me iba diciendo,
espero que les guste y que lo publiquen. Después les enviare más
relatos. Un beso a todos.

Silvana.




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